Reflexión 38: No tienes por qué contarle todo a tu pareja

La verborragia amorosa genera confusión, porque de tanto hablar, en algún momento diremos algo que no debemos y que se hace incomprensible para el otro. La comunicación compulsiva no es una virtud. Una paciente, en un ataque de sinceridad desproporcionada, le confesó a su esposo que sentía cierta atracción por el esposo de su hermana, pero que solo era atracción y nada más. Eso fue como clavarse un cuchillo. Convirtió un pecado venial (imaginativo, juguetón, inofensivo), en uno mortal, ya que a partir de ese momento el marido cortó relaciones de por vida con su concuñado, al considerarlo altamente amenazante para la estabilidad familiar. ¿Por qué le dijo? Unos días antes había estado en una conferencia donde un psicólogo afirmó que una buena vida de pareja no admitía secretos, y ella lo asumió al pie de la letra. Mi opinión es que sí los hay, y muchos. En una relación afectiva inteligente ambos saben que hay ciertos "archivos sumariales", pequeños o grandes, que no deben abrirse sin la autorización del sindicado.

Cuando se trata de información individualizada, es mejor manejar cierto recato y no soltarle al otro todo lo que pensamos y sentimos a quemarropa. No hablo de infidelidad ni de traición, sino de opiniones, gustos o pequeñas fantasías que no son para compartir, que son propias e intransferibles. 

Amar no requiere dejar al descubierto cada elemento de tu personalidad, ni que tu mente funcione en conexión directa con la de tu pareja. Repito: hay cosas que son únicamente tuyas, que te pertenecen por derecho propio y forman parte de tu ser, como tus huesos y tu piel. No te sientas culpable de no contarlo todo, eso mantiene viva tu identidad, tus creencias, tus sueños, tus metas, tus dudas… tus… Anota esta premisa y tenla a mano, te mantendrá alerta: Ser uno con la persona que amas es dejar de ser tú.